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Mi hijo volvió a nacer…

octubre 4, 2011 - Cuéntanos

y también la esperanza de convivir sin violencia.

Testimonio de Joaquín Quintana

 

En 2004 mi hijo fue agredido por un grupo de jóvenes al salir de una fiesta. Sufrió 27 fracturas en la cara, casi pierde un ojo y también la vida. Escuchas muchas historias como ésta, pero piensas que a tus hijos nunca les va a pasar.

 

Entonces Shuster (José María) tenía 19 años. Iba a una graduación y le dije que llegara temprano, que se cuidara, le pregunté con quién se iba y con quién regresaba, pero los chavos no miden los peligros, toman una mala decisión y pueden sufrir una lesión permanente, perder la vida o causar la muerte de alguien más e ir a parar a la cárcel, como le ha sucedido a muchos.

 

En aquella graduación tomaron de más, salió mi hijo con cuatro amigos y en el estacionamiento se dieron cuenta de que habían olvidado las llaves. Mientras los amigos regresaban a buscarlas, mi hijo se quedó afuera solo. Salió un grupo de menores de 17 años de edad, todos bajo los efectos del alcohol, y sin razón aparente, golpearon a mi hijo entre todos. Acabó en el hospital con cinco placas de titanio.

 

Mi primer sentimiento fue de rabia y coraje, como le hubiera pasado a cualquier mamá o papá a quien le golpeen a su hijo de esa manera tan cobarde y brutal. Después de unos días nos tranquilizamos, contratamos a alguien que investigara quién había sido y los demandamos. Nos enteramos de que los chavos presumían lo que habían hecho y los papás nunca buscaron un acercamiento para saber cómo estaba mi hijo o para pedir una disculpa.

 

Uno de los chavos admitió que haber estado ahí, pero dijo que él no había golpeado a mi hijo. Le creí, pero los jóvenes deben entender que al estar presentes comparten una responsabilidad enorme. Si no participan porque se dan cuenta de que no está bien, tampoco pueden quedarse parados viendo sin hacer nada.

 

Lo más triste de esta experiencia fue que los papás de los golpeadores insistieron en negar lo que sus hijos hicieron, y lo que realmente les dolió fue tener que pagar setenta mil pesos. Lo bueno fue aprender a perdonar, porque mi hijo me pidió que olvidáramos el asunto y perdonáramos. Reuní a todos mis hijos y a sus amigos para decirles que ahí moría la bronca. Había que poner un fin al asunto y con venganzas no se consigue nada.

 

Eso que vivimos cambió nuestra vida. Antes de este triste episodio yo ya formaba parte de “Papás 24 horas”, un grupo de amigos que al darnos cuenta de los peligros a los que están expuestos nuestros hijos, nos reunimos para compartir esa preocupación y tratar de encontrar formas de reducir los riesgos. Después de aquella experiencia, mi hijo y yo pensamos que debíamos alertar a toda la gente posible ya que constantemente suceden casos como el nuestro. Constituimos la Fundación Convivencia Sin Violencia apoyados por familiares y amigos con el objetivo de formar conciencia, a través de los medios masivos de comunicación, acerca de los peligros a los que están más expuestos los jóvenes y así aprender a evitarlos.

 

El abuso del alcohol es muy grave: corres el riesgo de volverte alcohólico, de entrarle a otras drogas, de chocar y matarte o quedar lisiado, de convertirte en víctima o victimario de violencia y también existe el riesgo sexual. Hoy, el 60% de las niñas tienen su primera relación sexual entre los 14 y 16 años, en estado de ebriedad. Después ni se acuerdan con quién fue. Según estadísticas de los Estados Unidos, cuando los chavos son menores de edad (menos de 21 en EUA) tienen 500% más probabilidades de volverse alcohólicos.

 

La gran diferencia entre hace veinte años y hoy, es que aunque siempre ha habido alcohol, antes no lo necesitábamos para divertirnos; ahora, los jóvenes salen desde las tres de la tarde a tomar, después se reúnen en casa de alguno para seguir tomando y terminan la noche en un antro; nadie aguanta tantas horas de alcohol en buen estado.

 

Cuando yo era joven no tenía dinero para hacer eso y además estaba muy bien supervisado; mis papás me traían corto, había límites muy claros, lo cual yo agradezco mucho porque no sé a dónde hubiera ido a parar. Hoy más que antes, los jóvenes son inmaduros e irresponsables porque están educados en el cero esfuerzo y la abundancia. Nada les es difícil. Antes teníamos límites; los chavos de hoy no los conocen.

 

Hace unos años las niñas no tomaban y eran ellas quienes les ponían límites de horario y de comportamiento a los hombres. Pero ahora muchas toman igual que ellos y no hay límites de ningún tipo. Está bien que los jóvenes se diviertan porque están en la mejor edad para hacerlo, pero sanamente. Si son mayores de edad, que beban con moderación, aprendiendo cuándo y hasta dónde, que sepan que no vale la pena pelearse y arriesgarse.

 

El tipo de violencia que se da hoy en día entre los jóvenes, esto es, cuando entre muchos golpean a uno sin razón, se debe al alcohol y a otras razones tristes. Dicen que “la niñez hace destino”. Si fuiste un cuate abandonado, maltratado o muy consentido, todo eso que traes adentro sale con el alcohol. La mayoría de los chavos experimentan una gran frustración por tanto que les hemos dado los padres. Nada les cuesta trabajo, todo es gratis y sienten vacío, apatía y desesperanza. Hoy, son pocos los chavos de 18 años que tienen un proyecto o hacen algo interesante. Ya no sueñan, viven desesperanzados. La mayoría sólo piensa en divertirse e ir al antro, en la gratificación inmediata, sin ningún control.

 

¿Cómo es un fin de semana del chavo de hoy? Si el jueves le das permiso, sale, porque ahora en muchas universidades no hay clases los viernes. Convivencia sin Violencia está proponiendo que eso cambie, ¿por qué no hay clases los viernes? (Faltar uno de cada 5 días hábiles de la semana representa un semestre más en una carrera de cinco años). Con eso las universidades hacen un daño tremendo porque los chavos se van de fiesta desde el jueves y ¿a qué hora te gusta que se levanten el viernes? Lo cual además implica que estén tomando alcohol tres días de la semana. Y los que son un poco mayores (alrededor de 27 ó 28 años) salen desde el miércoles en planes más tranquilos, como reuniones en casas, pero sin adquirir compromiso alguno. Hace años, a esa edad, la mayoría estábamos casados y con algún hijo.

 

Sin importar la edad de los hijos, siempre se pueden negociar permisos y horarios por su bien. Se nos identifica como la generación de los papás obedientes, primero obedecimos a nuestros padres y hoy obedecemos a nuestros hijos. Pasamos de un extremo al otro con la creencia equivocada de que así son más libres y  felices, y les damos a nuestros hijos hasta lo que no tenemos. He oído a algunos papás decir “para que se sientan alguien”. Lo que les estamos enseñando es que valen por lo que tienen y mientras más tengan, mejor, sin importar cómo se consiga. Por otro lado, caemos -igual que los chavos- en el error de hacer lo mismo que todos y no somos capaces de decir NO, porque ¿cómo tu hijo y tú van a ser diferentes?

 

No estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad como padres y los dejamos solos. Chavos con los que hemos platicado después de participar en una pelea en la que estuvo presente el alcohol, han admitido que es mucha la responsabilidad y la libertad que les dan en sus casas.

 

Los papás tenemos que cambiar. Debemos dejar de decir a nuestros hijos que si son agredidos se la cobren, porque la violencia genera violencia y ya es suficiente la que vivimos en México. Tenemos que dar ejemplo a nuestros hijos y ser promotores de la paz. Vivimos buscando poder a través de la autoridad, el dinero y el abusar de los demás. Los jóvenes están tan acostumbrados a esa forma de vida que en el 50% de los noviazgos en México ya existe violencia. Y según datos de la ONU, de cien niños que nacen sólo dos no sufren violencia.

 

Otro factor que contribuye a difundir la cultura de la violencia son los medios masivos. Nadie recibe en su casa a un delincuente, pero todos le damos entrada a la violencia a nuestros hogares a través de los programas de televisión.

 

En Convivencia Sin Violencia estamos haciendo una fuerte campaña para cambiar esta cultura, de modo que el chavo que abusa y golpea no sea admirado por ello, ya que las estadísticas muestran que aquellos que de jóvenes fueron prepotentes y borrachos, en su mayoría son adultos fracasados a quienes todo se les hace poco y prefieren vivir sin esforzarse; mientras que los que fueron jóvenes tranquilos, estudiosos y responsables, catalogados a veces como “nerds” o “tetos”, hoy son adultos exitosos que ocupan excelentes posiciones.

 

De manera simultánea a Convivencia sin Violencia se fundó el Pacto de No Violencia. De esta forma, mientras la primera se dedica a la difusión en los medios y a la negociación con las autoridades, la segunda tiene el objetivo de lograr acuerdos entre los colegios, logrando que educadores, padres y estudiantes asuman su parte de responsabilidad y establezcan medidas que permitan a los adolescentes divertirse sin exponerse.

 

A la fecha, Convivencia sin Violencia ha logrado resultados importantes, como que se intensificara el programa del alcoholímetro, que se penalizara a quienes venden alcohol a menores y que se aprobaran las reformas a la ley que regula a los establecimientos que sirven alcohol. Todavía seguimos luchando para que los antros abran más temprano, entre otras cosas. Hoy, el Pacto de No Violencia cuenta con más de 80 escuelas afiliadas que trabajan unidas por la paz y la seguridad de los jóvenes, impartiendo conferencias, exponiendo testimonios, estableciendo criterios e implementando medidas para proteger a los jóvenes.

 

Contamos con una hotline para apoyo y consultas, y con este blog para llegar a más personas a través del ciberespacio. Uniendo esfuerzos podemos contribuir a crear una cultura sin Violencia para bien de nuestros hijos.

 

Fuente: Revista Mira 63.

 

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    Muy interesante todo lo que se expone, es una realidad que nos negamos a ver, yo soy de Acapulco, donde la violencia en general nos tiene viviendo en el miedo y a pesar de eso los antros están hasta el tope cada fin de semana. ¿ donde están los padres de todos estos jóvenes? Las chavas se andan encuerando por una botella, no tenemos alcoholimetro ( según se implemento, pero solo un tiempo y en la zona diamante del puerto) mas de un amigo o conocido a sido victima de la violencia que produce el consumo en exceso del alcohol.