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Menor habilidad social= Mayor consumo de alcohol

octubre 4, 2011 - Alcohol

Por Elena Goicoechea

 

Existe una relación causal entre la ansiedad y la fobia (miedo) social y el consumo de alcohol. Esta conclusión arrojó la investigación llevada a cabo por la Universidad Panamericana y la Fundación Domecq, presentada hace unos días por el doctor Joaquín Marbán y la Lic. Lourdes Pozo de Bouyra. La razón que motivó este estudio fue el alarmante incremento en el consumo explosivo de alcohol que se ha registrado en México.

 

Los avances tecnológicos han transformado la manera de relacionarse de las nuevas generaciones. Si bien es cierto que la Internet y el teléfono móvil ayudan a acercar a quienes están lejos, también (y con mayor frecuencia) pueden alejar a quienes están cerca, ya que sustituyen la comunicación verbal y la comunicación no verbal (que se dan cuando las personas se comunican “cara a cara”) con mensajes de texto (MSM).

 

Una de las desventajas de esta nueva forma de relacionarse es que las personas, en especial los jóvenes, desarrollan menos el músculo social, lo que trae como consecuencia que tengan menos facilidad para establecer relaciones interpersonales. Aunado a la presión, la frustración y el estrés que viven los jóvenes de hoy, ello produce trastornos de ansiedad, los cuales se prevé que se conviertan en la primera causa de ausentismo laboral en un futuro próximo.

 

Como sucede que el alcohol es el ansiolítico más barato y accesible – incluso para los menores de edad –, al consumirlo se sienten más relajados y seguros de sí mismos para hacer amigos, para ligar, para ser abiertos y extrovertidos, para sentirse aceptados. De ahí se desprende la relación observada entre las siguientes variables: a menor habilidad social, mayor consumo de alcohol.

 

La creciente permisividad y la desintegración familiar son aceleradores del consumo explosivo de alcohol desde edades cada vez más tempranas. Existe una corresponsabilidad directa de los padres de familia en la forma de beber de sus hijos, que más que deberse a una falta de amor, se debe a una gran falta de información.

 

Hoy vivimos en un mundo que idolatra la juventud como un valor per se por encima de otros, y en el afán de parecer jóvenes, los papás buscan convertirse en los “cuates” de sus hijos. No se dan cuenta de que cuates puede haber muchos, pero padres no. Comparados con los amigos, son mucho más importantes e insustituibles, y como padres se deben de comportar.

 

Hay que estar pendientes de la vida de los hijos: a qué hora salen, a qué hora llegan, cómo llegan. Hay ciertas conductas que se relacionan con el consumo inadecuado de alcohol, y que pueden dar a los papás mucha información sobre la forma de beber de los hijos como: accidentes de coche; llegar con copas; multas; detenciones; peleas; engaños; faltas a actividades escolares, sociales o laborales. Si cada vez que un joven sale necesita beber, es porque relaciona alcohol con diversión.

 

Este estudio demostró también que es posible aprender a moderar el consumo de alcohol mediante un programa de entrenamiento en habilidades sociales y autocontrol, que se lleva a cabo en talleres diseñados especialmente para tal fin, en los cuales se ayuda a los participantes -entre otras cosas- a desarrollar un proyecto de vida, ya que muchos jóvenes viven día a día sin un plan trazado.

 

Estos talleres no están dirigidos a personas alcohólicas – ya que en ese caso se requieren tratamientos de otra índole – sino a personas que realizan un consumo no saludable de alcohol, lo cual significa beber más de la cuenta en un tiempo determinado, pudiendo estar entrando -o no todavía- en fase de dependencia. De hecho, la mayoría de los accidentes automovilísticos están relacionados con esta clase de consumidores: 1 de cada 5 personas que maneja en estado de ebriedad se accidenta; y 1 de cada 10 personas que maneja en estado de ebriedad se muere.

 

En los talleres se promueven conductas de salud. No se promueve el consumo moderado, sino la moderación en el beber, que no es lo mismo. Se aplican medidas psicoeducativas para construir hábitos sociales asertivos, y por ende, una mejor sociedad.

 

El consumo de alcohol puede ser saludable o puede ser destructivo. Hay muchos mitos que los adultos transmitimos a los hijos, entre los cuales está el permitir -y hasta alentar- que los menores se pongan su primera borrachera en casa, con sus papás, para que “aprendan a tomar”, cual rito de iniciación; o como creer que no mezclar bebidas alcohólicas hace que se te “suba” menos el alcohol. Mitos que en los talleres se encargan de aclarar.

 

Encuentra más información sobre estos Talleres en las oficinas de Fundación Domecq: www.fundaciondomecq.org

 

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