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Las adicciones muestran la contradicción

Junio 24, 2013 - Para Leer

El ser humano se caracteriza, entre otras muchas manifestaciones, porque puede simular, aparecer como no es y para ello puede también ayudarse de máscaras, afeites e incluso ingerir sustancias que le hagan creer sus simulaciones o aumentar de manera artificial sus posibilidades.

La capacidad de representar otros papeles, de ocultar sentimientos, deseos, habilidades, es un arma de dos filos porque gracias a ello, es posible disfrutar del teatro, del cine y de todos los espectáculos donde los actores y las actrices encarnan personajes reales o ficticios. Y, nos transportan a escenarios que nos ofrecen nuevos panoramas.

El otro lado de la moneda se da cuando el ocultamiento lleva a aparentar lo que no somos y, este sí es un grave peligro por el desorden que provoca el hecho de adoptar una personalidad ficticia.

Origen de la palabra persona

Prosopon es una palabra griega con la que se designaba la máscara que utilizaban los actores para representar, en el teatro, a un determinado personaje. Además, la estructura de la máscara ayudaba a hacer resonar mejor la voz, en una época donde aún no se contaba con instrumentos para ello.

Poco a poco la palabra prosopon acabó designando al portador de la máscara. De significar el aditamento pasó a nombrar al sujeto portador del aditamento. Y, más adelante a cualquier ser humano.

Esta palabra origina en el castellano el vocablo “persona”. Hay encerrada en ella una gran riqueza pues todo ser humano es un posible actor, hace comedia o tragedia de los sucesos diarios, adopta roles que no siempre le corresponden.

En definitiva, solamente la persona humana tiene la capacidad de ocultar su intimidad, y no solamente ocultarla sino adoptar otra, para desorientar consciente o inconscientemente a sus semejantes.

Cuando alguien tiene asignado el papel de representar a una institución, por ejemplo el presidente de un país, un embajador, un gerente general, etcétera, y recibe una noticia devastadora, tiene que mostrar un aplomo especial si su obligación es presidir un acto oficial. La dignidad del cargo se mantiene gracias a esa capacidad de sobreponerse, de representar.

Por eso, la representación no siempre es peyorativa, depende de los motivos, de las circunstancias, de las obligaciones.

También, cuando una persona se disfraza o utiliza un antifaz encuentra en esto un refugio que le da fuerzas para realizar acciones que no hubiera hecho sin esos recursos.

La contradicción resultado del mal ejercicio de la libertad

El buen ejercicio de la libertad consiste en asumir el propio ser y las circunstancias, para actuar de manera congruente y perfectiva. La libertad bien vivida siempre conduce al desarrollo personal y al de los demás.

Cuando alguien defiende que puede hacer lo que quiera, se expone a la contradicción, a hacerse daño y a dañar a otros. Capta la libertad de manera equívoca.

La contradicción consiste en afirmar cuando hay que negar, en desconocerse porque se quiere ser otra persona, en imitar a otros cuando no se tienen sus capacidades, en renegar del pasado sin darse cuenta que forma parte de uno mismo. En lo más profundo, la persona está disgustada con ella misma.

Entonces se pone en práctica lo que subyace: vivir de la representación, adoptar una personalidad extraña con el fin de hacerla propia.

Sostener una personalidad ficticia es desgastante, por eso, se busca todo tipo de apoyos para mantener esa nueva imagen de uno mismo. Esos apoyos llegan a formar parte de la propia vida, se convierten en dependencias absolutamente necesarias.

Al optar por una doble vida, hace falta una especie de doble sustento, por lo tanto, se recurre a sustancias vigorizantes como las drogas que producen un bienestar momentáneo o estimulan de modo inapropiado las facultades.

Cuando se cree tener más aptitudes de las reales, para alcanzarlas, si se recurre a fármacos, el desgaste interno es muy grande porque se vive forzándose indebidamente. Además, como de momento sí se alcanzan nuevas metas, la persona acaba creyéndose superior y, así, sigue ingiriendo los estimulantes, hasta que llegan a ser una demanda del organismo.

Poco a poco la dependencia se fortalece y la voluntad se debilita, la toma de decisiones ya no es libre, está condicionada, la persona se ha esclavizado física y psíquicamente.

Además, la enajenación llega a tal punto que la persona se desconoce, no sabe qué le pertenece por naturaleza y qué ha adoptado, su confusión puede llevarla a buscar evasiones que la ponen fuera de toda realidad, porque en ésta ya es una extraña.

Las adicciones fortalecen la contradicción

El proceso para llegar a la adicción inicia con una inseguridad personal mal resuelta. Todos tenemos campos de inseguridad debidos a nuestras limitaciones físicas y espirituales. Sin embargo, con el apoyo familiar, con la educación, con la colaboración de otras personas, este problema se puede resolver satisfactoriamente.

A veces, desaparecen las limitaciones, otras veces no, pero se asumen y la persona no se ofrece a resolver problemas para los que no está capacitada. Este es el modo de proceder de una persona realista y madura.

Cuando una persona no sabe en quién confiar, la inseguridad permanece,  entonces la persona trata de resolverla creando dependencias. Depender es subordinarse a una persona o a cosas a quienes se les achaca unos poderes que no tienen.

Estas dependencias pueden ser muy variadas, desde la adopción de costumbres como el cigarro, el alcohol, hasta la necesidad de pertenecer a un grupo o convivir con alguien para buscar protección.

Si las dependencias no se cortan a tiempo ni se les busca una solución, la persona se vuelve adicta. Las manifestaciones de la adicción son terribles porque la persona ya no hace uso del ejercicio de la razón ni de su voluntad, actúa a base de estimulación externa.

Esta es la expresión más dramática de la contradicción porque la persona ya no es ella misma sino que está a expensas de lo que le rodea. La adicción a las drogas, al sexo, a la violencia, produce un placer momentáneo, pero está labrando la disolución moral y también física.

Conclusiones

Para ayudar a una persona adicta es importante que se mueva en un ambiente donde se sienta apreciado y donde pueda establecer lazos con personas que le muestren afecto y seguridad, de manera que vaya sustituyendo las influencias negativas por las positivas.

Por eso, aconsejar a los padres a cambiar de actitud es muy importante porque probablemente no hayan sabido detectar el inicio del problema o, a veces, desgraciadamente lo hayan propiciado.

Si el ambiente familiar no ofrece garantías, será necesario buscar otro entorno, en donde encuentre buenos ejemplos. El diálogo firme y constructivo también es imprescindible así como el acompañamiento hasta que fortalezca nuevamente la voluntad.

Por supuesto, colaborar con los expertos encargados de tratar el caso, participando activamente en todas las tareas señaladas por ellos.

Pero, el problema se ataca de fondo si se tiene clara la meta de educar en la virtud de la sinceridad. Esta virtud es imprescindible tanto como medida preventiva como medida  correctiva.
La sinceridad es la virtud por la cual una persona reconoce su propia realidad, la acepta y la  comunica tal cual. Destierra la mentira, la hipocresía, la adulación, la calumnia…

Lo más importante para impulsar esta virtud es eliminar la posibilidad de que la persona se engañe. Esto se facilita provocando el conocimiento propio y evitando la comparación con los demás.

Insistir en la importancia de desarrollar la propia intimidad para llegar a valorarse adecuadamente. Evitar el engaño y la evasión. Sobre todo enseñar a decir la verdad y gratificar adecuadamente cuando se practiquen tales acciones.

Para apreciar la realidad propia y ajena, destacar siempre lo positivo, lo que ofrezca posibilidades de mejora, solamente después señalar lo negativo con el fin de eliminarlo.

Fuentes:
Agustín Basave y Fernández del Valle. “Filosofía del hombre”, México, 1957.
Antonio Millán Puelles. “La formación de la personalidad”, Madrid, 1963.
Francisco Beltrán Ramírez. Pontificia Universidad Lateranense de Roma.
www.arvo.net voz Persona

 

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